Casos clínicos

La Psicosomática Clínica y Humanista se basa en el análisis de casos clínicos.

Aquí dejamos constancia de unos cuantos casos relevantes extraídos del libro del doctor Sellam “Mi cuerpo está enfermo, es el momento de que yo hable”, que permiten entender la metodología y el rigor científico con el cual cada uno fue tratado, además de poner de manifiesto algunos de los mecanismos íntimos del funcionamiento psicosomático del ser humano .

El niño ciego

Aquí un ejemplo bastante impactante. Extraído de la literatura especializada en este campo: “Conferencias psicoanalíticas para los enfermos pronunciadas en el sanatorio de Baden-Baden” por Georg Walter Groddeck. Este médico alemán, que ejerció su arte en esta encantadora ciudad de la Selva Negra en el siglo pasado, es considerado como “el padre de la psicosomática”.

El niño ciego (mi cuerpo está enfermo. página 100)

Un día recibí a un niño que presentaba una ceguera de aparición repentina que ningún tratamiento pudo mejorar o curar. En el transcurso de su investigación, Groddeck tuvo una simple intuición y razonó sencillamente de la manera siguiente. Su problema de vista, iniciado por un proceso de Conversión, tenía seguramente que ver con una imagen prohibida grabada por el sentido de la vista. Del mismo modo, una sordera podría originarse por una palabra que el individuo no desea oír.

Para este joven paciente, puso en evidencia una escenificación perfecta implicando al niño mismo y su padre. El niño había abierto sin pensarlo la puerta del cuarto de baño pensando que estaba libre y había visto a su padre aseándose desnudo. Fue un verdadero choque para él debido a que su educación – su superego –  le prohibía tener acceso a este tipo de visiones. Luego su visión se alteró progresivamente hasta la ceguera completa. Fue acompañando a este niño en esa lectura hasta que la ceguera desapareció. Una vez reconocido el resultado clínico, su intuición inicial se verificó. El procedimiento científico fue una vez más respetado.

Podemos identificar fácilmente los tres elementos fundamentales de la problemática:
El umbral psíquico donde encontramos dos elementos desencadenantes precisos y estrechamente ligados: un evento marcante de la vida cotidiana del niño y una sensación de haber cometido una falta centrada sobre la visión prohibida de una escena.
El umbral somático donde encontramos una manifestación patológica, una alteración grave de la vista.

Entre los dos, pasó algo: la enigma psicosomática representada por los procesos de Conversión orgánica. Se caracteriza por la intervención del sistema psíquico de protección, en este caso con el firme apoyo del Superego. Podríamos imaginarnos una cumbre de estas instancias psíquicas donde el Superego alega su causa expresándose de la siguiente manera: “ para mí, es intolerable, es inaceptable el haber cometido una falta de tal calibre. Mis principios religiosos y educativos son incompatibles con una actitud semejante. Os pido con gran firmeza  que hagáis lo posible para que esto no pueda volver a ocurrir nunca. Además, estaréis fácilmente de acuerdo que este niño necesita toda su mente para desarrollarse física y psicológicamente . No podría vivir permanentemente con la idea de haber cometido esta falta, mejor dicho, este enorme pecado imperdonable en su clan!”

Creo que la solución se encontró rápidamente por las instancias psíquicas gobernantes y publicadas enseguida en el boletín oficial: sencillamente, supresión de la visión. Luego, los órganos implicados han obedecido a este decreto aún sabiendo que en el fondo la problemática del joven no era demasiado grave. A pesar de esto tuvieron que ejecutar su función y la vista bajó progresivamente. Hablaremos entonces de una Conversión Orgánica Real y una lógica Psicosomática, una problemática de vista no se convierte nunca en otitis, faringitis, cáncer de la vejiga o diabetes. Estoy seguro que si este niño hubiera nacido en los años ‘70, nunca se hubiera vuelto ciego. Viendo a su padre desnudo en el cuarto de baño, hubiera entrado sin problema ya que el Superego del hijo de un hippie no es exactamente el mismo que el de un lutheriano de la mitad de siglo pasado.

Les hago observar que las instancias psíquicas protectoras del gran Ray Charles, famoso pianista ciego fallecido hace algunos años, utilizaron el mismo estratagema para convertir la actividad conflictual en una ceguera definitiva, por causa de la visión de la muerte de su hermano pequeño por ahogamiento. Él también tenía un enorme sentimiento de culpabilidad debido a su impotencia a la hora de salvarlo cuando quizás hubiera podido hacerlo.

Señora Costado Derecho

Conocí a la señora Costado Derecho durante una conferencia que daba en París. Se me acercó y me contó con mucho entusiasmo:

“Me dolía el costado derecho de la espalda, justo abajo de las últimas costillas. Esto había durado meses y meses. Era tan grande el dolor que me sentía obligada a dejar de respirar un momento para que se me pasase. Usted se puede imaginar que consulté a todos los médicos posibles, poseo una colección extensa de radiografías en mi museo médico.

Por supuesto, los masajistas kinesiterapeutas, los osteópatas e incluso un curandero me vieron también. Los tratamientos tampoco surgieron ningún efecto.

Hasta que me encontré con su libro, el cual me abrió el espíritu y seguí sus consejos analizando lo que pudo haber ocurrido justo antes de la aparición de los dolores. A esto le sucedió una gran toma de consciencia junto a muchas emociones que calificaría de desagradables. Los dolores desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, como por arte de magia. Sentí algo escurrir a lo largo de mi espalda, como si se tratara de una especie de pelota llena de agua que se estuviese desinflando. Paso a contarle la historia que creo puede interesarle de sobremanera, estoy segura.

Llevaba una de las cinco boutiques de prét-à-porter de lujo que tenía mi hermano en una ciudad turística frecuentada esencialmente por turistas extranjeros, estadounidenses entre otros. Confiaba completamente en mí y todo funcionó bien durante varios años.

Después del 11 de septiembre del 2001, todos los comercios vieron sus ganancias disminuir y varios de ellos tuvieron desgraciadamente que cerrar. Mi hermano se resignó a este final infeliz y se quedó con una sola tienda, para él y su mujer, despidiendo a la vendedora.

El resultado para mí, que personalmente pensaba que iba a sustituir a la vendedora, fue que me puso literalmente de patitas a la calle, sin miramiento alguno. Fue mi “psico-choque desestabilizador”, ya que no me lo esperaba para nada. Analicé mis sensaciones en ese momento preciso y una expresión salió instantáneamente de mi memoria: ¡me sentí traicionada y acababa de recibir una verdadera puñalada en la espalda!”

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